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Con cada día que pasa, nos acercamos a las elecciones presidenciales. Y aunque mi afán no es hablar de política, me gustaría escribir unas cuantas palabras para ver que hemos podido aprender hasta el momento de las campañas digitales que han hecho los partidos políticos. He aprendido un poco y también me da otra poca de rabia… ya verán porque.Yo personalmente, tengo un par de cosas que he aprendido de las campañas políticas que hasta el momento he podido ver en YouTube y Twitter. Mejor dicho, lo que me han obligado a ver en YouTube y Twitter.

Anuncios en YouTube

Anunciarse en YouTube está muy bien. Ahora, un anuncio pagado nunca será igual que un video viral. Así que a todas las empresas que han pautado en YouTube y después andan diciendo que su anuncio es el primer anuncio que sobrepasa el millón de vistas (sí, Orange, me refiero a ti), realmente deberían felicitar al departamento de finanzas y mercadeo que lograron comprar el millón de vistas y obviamente también agradecer a YouTube que cumple su palabra (pena que no podemos decir eso de la mayoría de los políticos).

El hecho de que se paute un anuncio en YouTube te obliga a verlo antes de ver el contenido que quieres ver. No importa si estás viendo algún seminario, curso o tutorial (o algo interesante o importante así como un discurso del Presidente de la República) o estás que quieres ver por la enésima vez “Las chapas que vibran” (que llega a los 100 millones de vistas btw, el Presidente llega apenas a 25 mil vistas), te están obligando a ver algo que por naturaleza no quieres ver. Nuestras mentes están bloqueando el contenido pagado y patrocinado. El marketing digital se basa hoy en día en conectar con las personas, no imponer un mensaje. Ahora, es muy probable que la persona que ve “La chapa que vibra” en YouTube aún está acostumbrada a consumir contenido de esa forma (así que un anuncio pagado no es tan mala idea aunque no es lo ideal).

Tendencias pagadas en Twitter

Aquí si tenemos problemas. Una máxima del marketing es saber dónde “polula” tu mercado. Mi experiencia es que las agencias y las marcas locales están actualmente usando menos Twitter por una percepción de “que está de capa caída”, prefieren ir a Instagram o Facebook, incluso Snapchat para capturar ese demográfico joven. Así que la plataforma se ha quedado para los intelectuales de mediana edad (por eso de hay que escribir…al parecer la generación nueva no está muy de acuerdo con este “approach”) y para servicio al consumidor (eso también, otro tema en discusión).  Pero ahora en tiempos de elecciones, se ha convertido en un prostíbulo de tendencias políticas pagadas, donde podemos ver en cualquier momento del día, en cualquier día de la semana, hashtags políticos que se notan a leguas que están colocadas a punta de robots y dinero. Al usuario natural de Twitter (el que lo usa porque quiere, no porque le pagan) se da cuenta de esta mala práctica y podría decir que hasta produce un cierto rechazo porque ve (y esta es mi opinión personal) que se está reemplazando la plataforma ideal para un debate digital en otro canal más de propaganda (y digo “propaganda” en la peor forma posible). Yo veo muchas de las personas que están propagando mensajes políticos en Twitter, las cuentas parecen ser nuevas y con poco uso para otras conversaciones (abiertas para la campaña) o simplemente no encajan en el demográfico de la plataforma.

Las personas ya no son tontas. Ni ciegas, ni sordas, ni mudas. Para felicidad de Shakira, aún hay muchos brutos (tecnológicamente y mercadológicamente hablando) que han vendido la idea que “estar por estar… y en toooodas las redes sociales” es una buena idea.

Claro, como estamos hablando de dinero para una campaña financiada por el pueblo, a ellos no les duele. Ni a muchos otros tampoco les duele.

Esperen, a nosotros sí nos debería doler. ¡Cónchole! Perdón, al final sí hablé de política. Al parecer no podemos escapar el tema. Después de todo, estamos en tiempos de elecciones.


Wag the Dog, Protagonizada por Dustin Hoffman, Robert De Niro, Anne Heche, Willie Nelson y Denis Leary. Pocos días antes de unas elecciones, los oponentes políticos del presidente sueltan la noticia del abuso sexual del presidente sobre una menor que visitaba la Casa Blanca. La estrategia para eludir el escándalo es levantar una cortina de humo: inventar una guerra con un país prácticamente desconocido y no muy importante para la mayoría del pueblo estadounidense, Albania.

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