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Uno de las ventajas de tener un año más (además del año más de experiencia, sabiduría y bla bla bla… =) son los mensajes que recibes de personas que se acuerdan de ti con y sin la ayuda de Facebook que se ha convertido en nuestro “recordador” oficial de cumpleaños y de fechas importantes. Personas que han pasado por tu vida te felicitan, te recuerdan, te escriben una anécdota que no necesariamente recuerdas pero ellos sí, alegrándote muchísimo el día. Y a mí personalmente me pone a pensar en lo siguiente:

Cuando yo no esté, ¿cómo quiero que me recuerden?

Justamente ayer estaba dando mi módulo de branding personal y en el transcurso de ese módulo explico que nuestro branding personal no es nada más que contar nuestra historia. Nuestra historia como individuos y como profesionales. Y más importante, cómo queremos que nos recuerden cuando no estemos presentes.

Ese es uno de los pensamientos recurrentes que tenemos. A nivel consciente o inconsciente, siempre está. Claro, nada mejor que un cumpleaños para recordarte de tu propia mortalidad.

Pero sigue siendo un punto válido, ¿qué estoy haciendo yo ahora para que me recuerden como yo quiero que me recuerden? A lo que creo que es la mitad de mi vida, (¿soy muy optimista?) estoy empezando a escribir mi historia finalmente. Estoy haciendo lo que quiero. Encontré mi pasión y le estoy echando el hombro. He dejado de quejarme tanto y de empezar a trabajar pensando no tanto en el mañana, sino en el pasado mañana.

Y todo esto se los debo a mis hijos. Ellos representan el catalizador que me ha hecho entender que para empezar un cambio debe haber un “cambio de chip” mental seguido de un cambio de actitudes y también de acciones. Muy famosa la frase de Einstein que dice que es de locos esperar resultados diferentes cuando siempre haces lo mismo. Así que gracias al destino y a unos buenos amigos, empecé mi carrera como asesor, facilitador, profesor y ojalá conferencista exitoso. Puedo decir que en este momento estoy feliz.

Soy feliz. Es una afirmación poderosa. Recuerdo de un gran jefe que tuve hace más de 18 años, que entre broma y de veras cuando resolvía alguno de tus problemas consultados, te daba la solución y después te decía con una cara muy seria:

– Edgar, ¿te puedo preguntar algo?
– Claro, ¿que pasa?, – respondía yo un poco preocupado.
– … ¿Eres feliz?

Y yo, obviamente me cagaba de la risa cada vez que me salía con esa.  Germán, un rey en subir el ánimo a sus empleados y mejorar el ambiente de la sucursal, entendía que sin un ambiente ameno, nadie trabajaba feliz. Y hoy, me doy cuenta de eso sigue estando tan vigente como nunca. Aparte del hecho de que si no estás gozando lo que haces, nunca lo harás con amor, nunca lo harás con pasión. Y las cosas que se hacen sin amor, sin pasión, se notan. Lo nota tu cliente, lo nota tu jefe, lo notan tus compañeros y al final siempre lo nota la persona que puede darle ese giro de 180 grados… Tú.

Dentro de mis investigaciones de esta semana me topé con un video de Gary Vaynerchuk que decía, “Si no estás haciendo tu trabajo con amor, con pasión… ¡Deja esa vaina! Empieza el cambio, trabaja paralelamente tu plan B en tus horas libres. ¡Deja de ver tanta televisión y ponte en lo tuyo!”. Bien dicho en mi opinión.

Así que leyendo todos los mensajes que me han escrito en mi muro de Facebook y tratando de responderles, agradeciendo a cada una de las personas que han pasado por mi vida y que gracias a esas interacciones soy como soy… Le hago a cada uno la siguiente pregunta:

¿Qué estás haciendo para escribir tu historia? ¿Ya empezaste?

 

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