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Cuando yo trabajaba en el Citibank en el año 1996 en Santiago de Chile, teníamos un dicho «hay que ponerse la camiseta» con la empresa.  Esto significaba que había que trabajar duro, trabajar enfocado, producir dinero, pero para mí también significaba que yo tenía que representar la empresa, ser la empresa, ser la cara del banco ante el cliente. Ser un embajador, tratar lo mejor que pueda al cliente y que tu nombre y del banco sean uno. Hoy en día, las cosas han cambiado, pero no tanto. Lo que pasa es que la influencia ya toma otra forma. 

Hoy la camiseta no se pone, se publica. ¡Y debe «salir del forro» (dicho sudamericano que significa que debe salir orgánicamente). Y uno como persona con dos dedos de frente, ya reconoce cuando las cosas salen naturalmente o cuando van forzadas. Al final, la influencia es como el enamoramiento, mientras menos presión hay, tiende a aflorar más naturalmente (claro, si es amor de verdad).

En resumen y en mi opinión, una verdadera influencia siempre debe ser orgánica para que sea efectiva. Se ve natural, se ve desinteresada, verdadera. Creo que la influencia pagada es como esa persona que te está insistentemente invitando a salir pero tu no le haces caso, porque realmente no te produce absolutamente ninguna fluctuación hormonal. No hay reciprocidad, no hay empatía, no hay onda. Ahí, no hay vida como se dice.

influenciador social media

Entonces me hago la pregunta, ¿por qué las marcas tienden a seguir usando influenciadores para redes sociales? A un influenciador, se le paga por publicación o por un paquete mensual de publicaciones, se le debe en casi un 100% de los casos escribir y mandarles un guión para que hagan un copy/paste (porque en algunos casos, si se deja a libre albedrío, resulta un desastre la inversión) a sus redes sociales. Esto implica lo siguiente, en un mundo donde las personas tienen su propia voz y voto, los influenciadores que se eligen debido a discriminación demográfica o por tener «buenas» métricas de vanidad como un alto número de seguidores, le están metiendo palabras en la boca para promocionar algún producto o servicio. Yo he personalmente visto cotizaciones de US$2,500 por un mes de servicio de influencers promedio. ¿Se ve orgánico eso? No, para nada.

¿Funciona? Buena pregunta.

El 71% de los clientes están más dispuestos a comprar un producto sobre el que han encontrado buenas referencias en redes sociales, según HubSpot, y de acuerdo con SproutSocial, más de la mitad de los consumidores que usan Twitter, recomiendan productos en redes sociales. (fuente)

Perfecto, me encanta el hecho de que un buen porcentaje de los consumidores compran un producto cuando encuentran buenas referencias en redes sociales, pero como cuando vemos un comercial horrible en televisión que nos trata de vender un producto o servicio de la forma más burda y básica, ¿podemos así tildar de ineficientes a los influenciadores que no hacen nada más ni menos que hacer copy/paste de un texto que podemos ver a leguas que no es el influenciador que está escribiendo?

El marketing más barato y más efectivo siempre ha sido y siempre será el WOM (Word of Mouth – Marketing boca a boca). Y cuando vemos un feedback orgánico, tendemos a creer la opinión. Eso se llama confianza virtual. Es como cuando compramos en Amazon y antes de comprar leemos absolutamente todas las opiniones que se escriben de los productos sean buenos y especialmente si son malos. Algo parecido se produce también en TripAdvisor y por eso es que los restaurantes y hoteles buenos se cuidan mucho en salud contestando cada comentario que aparece en TripAdvisor, sea bueno y otra vez… especialmente si es malo.

Para mí, ganará siempre la influencia orgánica. Lo que pasa es que la influencia natural es una cuestión de largo plazo y es mucho trabajo. Es mucho más fácil pagar a influenciadores para que puedan «hablar» sobre la marca y así justificar un presupuesto. Lo malo, es que igual que después de una promoción o una oferta, el valle que se produce posteriormente al incremento (si hay) debe ser llenado con algo, ¿verdad?

¿Por qué no estamos contando historias que valen la pena?

¿Por qué no estamos innovando en nuestro producto y servicio y así produciendo historias nuevas que contar?

Los influenciadores siempre estarán presentes. Pero creo que a muchas personalidades que están funcionando bajo esta modalidad les queda grande el nombre de influenciadores.

¿Replicadores? Suena mucho más aterrizado.

(no poseo los derechos a estas imágenes)

Escrito en Santiago de Chile, durante el verano sudamericano, donde la ciudad se vuelve tan habladora que enamora a cualquiera, especialmente si eres un viejo pretendiente.

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